Mensaje de una Estrella

Mensaje de una Estrella Hope S McKay

Su madre le había enseñado a dormir con la luz apagada. Decía que no necesitaba más luces que las de las estrellas para iluminar sus sueños. Desde entonces, se había acostumbrado a dormirse mirando por la ventana. Se metía en la cama, su madre le arropaba y llegó el día en que el cielo nocturno comenzó a contarle historias.
Eran historias de dioses y diosas, de guerras entre constelaciones, de peligrosas aventuras, de mágicos mundos con espectaculares parajes y cielos como muchas lunas. Eran tantas las historias que le susurraban las estrellas, que pronto caía vencido por el sueño.
Le tenía cariño a una estrella en particular. Desde su ventana era la tercera en línea recta, una que lucía especialmente hermosa en las noches de agosto. Su voz susurraba en su cabeza la última hazaña de la Guerra de las Constelaciones , interminable, o alguna heroicidad de Hércules por nadie conocida. Era una voz cálida, como la de su madre, pero tan antigua que su eco parecía venir de muy lejos. Su estrella le regalaba divertidos parpadeos de vez en cuando como premio por escuchar con atención. Su amistad duró algunos años, pero creció, y los adultos olvidan con mucha facilidad. Olvidó la mayor parte de las historias que su vieja amiga le contaba cada noche. Olvidó su aterciopelada y antigua voz. Aún así, no olvidó dónde estaba, y alguna noche se permitía el lujo de mirar por la ventana buscándola, hasta que un día ya no pudo encontrarla. Con el paso de los años lo consideró demasiado infantil, y caducó su tiempo para mirar el cielo con aquellos ojos.
Una noche, tras muchos años, los sollozos de su hija pequeña le alertaron. Sabiendo que se trataba de una pesadilla, se levantó de la cama con cuidado de no despertar a su mujer, que dormía con una suave sonrisa dibujada en los labios. Miró instintivamente por la ventana y se vio sorprendido por una espectacular lluvia de estrellas. Por un instante, quedó presa del magnífico cuadro que le ofrecía el cielo, pero el corazón de un padre tiene muy claras sus prioridades, así que se dirigió a la habitación de su hija con decisión.

Abrió la puerta con cuidado. Su hija estaba hablando en sueños como si lo hiciera con una amiga del colegio. Se marchaba cuando le escuchó decir algo que le hizo parar en seco.
-Se lo diré, sí…no, nunca mira el cielo. No, esa tampoco me la ha contado. ¿Seguís en guerra? ¿Me lo contarás? Vale. Sí… No lo olvidaré.
Curioso, se acercó a la cama de su hija y se sentó junto a ella para seguir escuchando. Le apartó con mucho cuidado el largo mechón de pelo oscuro que le caía sobre los ojos y, aunque no era su intención, la pequeña se despertó.
-¿Papá?-balbuceó soñolienta mientras se incorporaba -¿Qué pasa?
-Nada cariño, ¿has tenido una pesadilla?
-Sí, pero luego ella ha venido a contarme una de las historias. Me dijo…, espera.-pidió, restregándose los ojos-,me dijo que te preguntara si has visto la lluvia de estrellas.
Sorprendido, el padre se detuvo unos instantes antes de contestar.
-Sí, la he visto-sonrió.
-Pues ella dice que te diga que… -titubeó al principio-,que son todas las historias que te has perdido por no mirar al cielo desde que eras niño y que yo no debo dejar de mirar al cielo nunca-recitó aceleradamente y añadió- Eso. Eso es lo que me ha dicho que te diga ¿Puedo seguir durmiendo?
El padre se quedó paralizado unos instantes pero respondió disimulando su sorpresa.
-Sí cariño, duérmete, que mañana hay que ir al colegio- dijo, y abrazó a su hija con un poco más de fuerza de la habitual.
La niña se estiró en la cama y se tapó, concentrada en la ventana. Él se dirigió a la puerta más antes de salir, le preguntó.
-Hija, ¿Quién te habló de ella?
Sin desviar la vista de la ventana, la niña respondió.
-Mamá, por supuesto. Buenas noches, papi.
-Buenas noches, cariño.

Publicado en 2010 en Proyectos CPC bajo el pseudónimo de Ashesway

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