
Solo cuando llevas un tiempo varado allí te das cuenta. A veces porque captas la particular cadencia de un momento que jamás obtiene un desenlace coherente. Otras porque vivir cabeza abajo es fácil para los niños pero ingrato para los adultos. Poco importa.
Todos llegamos a Indeterminación guiados por el Faro de una esperanza. Y muchos, demasiados a mi parecer, nos quedamos largas temporadas a vivir en ese lugar. Convencidos de ser los vencedores de nuestra eterna reyerta con el tiempo. Seguros de haber encontrado la salida del Laberinto de nuestros miedos más profundos cuando, en realidad, solo hemos alcanzado su centro, cuando ni siquiera conocemos la autentica cara de nuestro Minotauro.

Llegamos atraídos por la espléndida luz de ese faro y decidimos que podemos poseerla. Que debemos. Muchos logran ascender, obtienen las vistas de ese lugar curiosamente iluminado.Los hay con suerte como para disfrutar de una panorámica incomprensible y aun así convencerse de que todo tiene sentido. Tanto que jamás vuelven.
Solo llegan, ven que la cosa no sube más y embriagados por su poderosa luz no consideran lo que otros comprobamos a nuestro pesar.
Indeterminación es una trampa. Un lugar caprichoso que gusta de crear tiempos largos y jeroglíficos románticos. Un pueblo lleno de preguntas que se multiplican con cada nuevo rumor. Una aldea de pescadores que ha cambiado la aventura del mar por juegos infantiles de bañera.
Salir de allí es difícil, muy muy difícil. Gustamos del misterio y necesitamos resolverlo para sentir que lo podemos controlar. Nos van los espejismos.
Indeterminación te pone aprueba y se lo pasa bomba en el proceso. Solo cuando logras regresar a lo que sea que es tu mundo, solo cuando ves a otro caer en sus redes recuerdas
la angustia de no saber cuánto tiempo pasaste allí en realidad,
el miedo que pasaste ante la posibilidad de no volver
y la ira que aparece cuando asumes que cualquier día puedes volver a ser su prisionero.
¿Recuerdas las miguitas de pan que siguieron los niños de aquél cuento? A Indeterminación se llega siguiendo las miguitas de luz de otro. Así que ten cuidado con el Faro de tus Esperanzas. Asegúrate de que no es el de tus miedos antes de echar a andar.