3. Antes de las Alcantarillas

Pero no corramos tanto que toda esta historia empezó en 2005, y yo con el resumen me he comido tres años y me he ido al 2008. Retrocedamos un poquito, al año 2006. Ese en el que hice la masacre del faro en flash y perseguí a Murron para que escribiera algo como presentación de Proyectos CPC.
El fénix ha sido mi icono durante muchos años. Me inspiraba para seguir adelante una y otra vez, y ya ni recuerdo la de veces que resurgí de mis cenizas. Y fue el fénix la primera imagen de CPC. Mal recortado y desenfocado como solo una novata de Photoshop podía hacerlo, pero me encantaba. Y con la idea del resurgir, perseguí a Murron para que escribiera algo sobre el fuego. Hago un inciso para señalar el verbo perseguir. Se ha mantenido a lo largo de dieciséis años como el verbo que define nuestra hermandad, simplemente porque yo soy pesada y Murron una dispersa. Fin del inciso.
Escribió una brevedad. Lo juro. Ya iremos viendo lo que Murron entiende por concisión, pero advierto que las pausas de publicidad no dan para leer su post más conciso.
DEL FUEGO Y DEL ODIO
jueves, 16 de noviembre de 2006, Murron
He tenido varios encuentros con el fuego a lo largo de mi vida. El primero
fue un incendio que provoqué siendo niña y por un descuido. En pocos
minutos mi cuarto, junto al de mis hermanos, ardió como una tea. Las
llamas lo envolvieron todo. El fuego tiene muchas caras. Es poderoso y
destructivo, esa es la peor de sus características. Devora todo lo que
encuentra a su paso con sus múltiples lenguas y hace que cualquiera
sucumba a su poder. Destruye y aniquila y cuanto más destruye más
poderoso e indestructible se vuelve. Pero al fuego se le puede vencer y de
la forma más sencilla. Tan solo has de cerrar todas las ventanas y
puertas. Tienes que arrinconarlo y encerrarlo, aislarlo y dejar que él
mismo reduzca su propio oxígeno hasta que lo agote. Entonces su fuerza
menguará y se irá consumiendo poco a poco hasta convertirse en
rescoldos y humo negro, perdiendo toda esa fuerza y ese poder de
destrucción del que gozaba. Algunas personas llevan en su interior una
gran cantidad de odio. Y ese odio es como el fuego. Se expande y
destruye todo lo que encuentra a su paso. Destruye a aquellas personas
con las que se cruza y se alimenta de ellas. El odio hace que algunas
personas dañen por el simple placer de hacerlo, y ver el sufrimiento y el
desaliento que producen en los demás, les da oxígeno para seguir odiando
y acrecentando ese sentimiento tan destructivo. Les alimenta. Les
fortalece. Afortunadamente, atajar y acabar con esas personas y, por
ende, con ese sentimiento de odio, es tan sencillo como extinguir el fuego
más salvaje. Tan solo hay que ignorarles, no prestarles atención, no
permitir que te afecten sus palabras ni comportamientos, y poco a poco,
ese odio que destilan irá consumiendo su propio oxígeno. Ese oxígeno que
necesitan para subsistir. Su propio odio les asfixiará, les consumirá hasta
convertirles en cenizas. Y ya sabemos lo que ocurre con esas cenizas: que
se las lleva el viento.»
Aún hoy sigo enamorada del estilo de Murri y esa facilidad con la que ficciona la vida. De todas formas, recuerdo que cuando leí el borrador de su presentación, le señalé que para empezar una aventura bloguera transmitía la alegría de un entierro. ¿Y tú de dónde sacas que yo soy alegre?, me dijo.
En fin. Toda la razón.
Yo, por otro lado, debería haberme callado. Si lo de Murron era de entierro lo mío era de pena total:
HISTORIA ÍGNEA DE CPC
miércoles, 15 de noviembre de 2006,Hope
Renacer dos veces en un año sería absurdo. Pero rescatar ilusiones de hace varios años, no. Proyectos CPC es una ilusión rescatada y renace hoy de las cenizas de un pasado lejano. Cuando tenía quince años era un desastre. Hacía más campanas de las que puedo recordar; el grupo del que formaba parte eran mayores que yo. Uno de los juegos favoritos, con el que consumíamos el tiempo, era ver quién aguantaba más el calor de la llama de un Zippo. Mis manos se hicieron expertas en soportar el calor a base de llevarme más de una quemadura; aprendí a jugar la abrasadora danza táctil con habilidad. En el juego del estudiante, desde luego, me quemé.
Años más tarde me vi envuelta en otro tipo de juego ígneo. Fue un juego de pasiones, pasión desmedida por el originario equipo de CPC. Los meses que duró nuestra aventura fueron los más intensos de mi vida. Hubo todo tipo de lágrimas: de alegría, de ira, de amistad, de pena, de celebración, de preocupación. Una sobrecarga emocional nos quemó, y CPC se convirtió en las cenizas que yo, como nexo de unión de aquellas maravillosas cuatro personas, me encargué de custodiar con mucho amor y sumo respeto.
De esa hoguera hace cinco años. Cinco años en los que he aprendido a respetar el fuego de la pasión y a controlar, un poco, el de la ira; a medir la llama de la amistad y proteger las cenizas del pasado, transformadas en la esperanza del presente y con objetivo de futuro.
En este nuevo CPC somos muchos, y ello enriquece la experiencia de compartir nuestro pequeño espacio. Al fin y al cabo, la experiencia acumulada como blogueros solo nos podía llevar a esta unión o a la independencia más absoluta-tan de moda hoy en día-.

Siempre había vivido inmersa en una nostalgia a menudo dañina. Mi autoestima estaba en modo felpudo. Poco más hay que añadir, salvo que escribí cosas mucho mejores- y mucho peores- que esa presentación.

No hace falta ser conocedor de nuestras personas para ver que no tenemos en común ni el blanco de los ojos. Murron y su realismo negro y yo y mis cenizas blancas tipo Lego. Na, ¡clavaítas! Esta diferencia tan y tan evidente no solo se ha mantenido en el tiempo, se ha acentuado. Somos y siempre seremos la nota discordante en la vida de la otra con apartamento de verano en común. Pero ¡menudo apartamento!

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