(…) En un acto reflejo me palpé la cicatriz. Seguía ahí, muy real. Avancé unos pocos pasos. Él permanecía muy quieto, incluso demasiado rígido.
-Si no te sientas volverá a empezar y créeme,ninguna de las otras veces te ha hecho más gracia que esta-dijo con suavidad.
No tenía humor para ese tono condescendiente. No tenía humor para nada así que me limité a mirarle con toda mi mala leche.
-Hazme caso,por favor-insistió.
Algo en sus ojos me hizo ceder, una especie de ruego a la desesperada que simplemente no pude obviar. Me acerqué con cautela. Estaba soñando,me decía, seguro que soñaba, así que tanto daba lo que creía estar decidiendo; de hecho era el libre albedrío de mi mente la que movía mis nuevas y torpes piernas. Sólo tenía que esperar al despertador.
-Odio soñar-dije cuando llegué a su lado.
La tristeza de su sonrisa desapareció;casi parecía disfrutar con mi comentario y eso me enfureció.
-No le veo la gracia.¿Qué es este lugar? Supongo que tú eres el de las respuestas así que empieza por esa y luego me explicas qué me has hecho.
-Calma-susurró.
-¿Por qué?¿Por…-miré a mi derecha y ahí estaba de nuevo mi reflejo -¡Joder!-de nuevo trastabillé y caí, pero esta vez tenía público y me resultó humillante.
-Calma-repitió al tiempo que me extendió su mano-,o volverá a empezar.
Me deshice de su mano palmoteando al aire y decidí no levantarme del suelo. Al menos desde esa posición me ahorraba verme en el maldito espejo.
-No malgastes energía. Estás despierta pero aún tardarás un tiempo en recuperar el control de tu cuerpo.
– Este no es mi cuerpo y ni de coña estoy despierta-mascullé.
-Sí, sí lo estás, y si controlas ese mal genio que tienes podremos hablar-dijo con firmeza- y te darás cuenta de que tienes las respuestas que crees que yo debo darte.
No había levantado la vista desde mi torpe caída. Le miré a los ojos y me perdí en su rostro por un momento; era demasiado guapo para ser real y lo más irreal de él, sus ojos dorados, parecían tener el poder de manejarme a su antojo. Aún estando sentado, se veía alto, fuerte,de porte elegante,con un hermoso pelo cobrizo y una boca perfecta, por no mencionar sus fuertes manos. Estaba segura de que aquella belleza irreal era la responsable de mi torpeza y aunque hasta el momento era lo único bueno de todo aquél pastel, decidí calmarme.
-Bien, así está mejor.
-¿El qué?
-Tu voluntad de calmarte,de tener el control. Eso está bien.
-Espero que no leas la mente-dije avergonzada-,espero que no te atrevas.
Con gesto irritado, sacudió levemente la cabeza. Cuando me miró de nuevo, un brillo rojizo había aparecido en sus ojos, el mismo que recordé haber visto en mi nuevo reflejo.
-No necesito leer tu mente. Yo soy tu mente.
Por primera vez desde que había empezado aquella pantomima me relajé. Tenía sentido.
-Si tú eres mi mente entonces no debo preocuparme. Está claro que esto es una pesadilla, como mínimo un sueño de esos raros y en cualquier momento se acabará. Pero claro, eso tú, o yo, bueno, ambos lo sabemos. Lo de la cicatriz ha sido un buen golpe de efecto pero te has pasado un poco.
-Esto no va a funcionar-lamentó.
Sospeché que sólo era el principio y esperé.
-Esto también lo probaste antes-añadió.
-¿El qué?
-Valerte de la lógica para obtener respuestas. No se trata de lógica,nunca se ha tratado de eso . Te lo advertí en su momento.
Sus ojos eran cada vez más rojos y la cicatriz de mi pecho comenzó a arder. Me llevé la mano a la herida pero tuve que retirarla casi al instante.
-¿Por qué me quema?
-Porque sientes, pero claro, por eso estamos aquí.
(…)