El Bazar de las Oportunidades Perdidas (1ª parte)

-¡Cuéntamelo otra vez!

Los oscuros ojos de Zach echan chispas. Sus manos retuercen la ropa de la cama con nerviosismo mientras su padre, Nathan, intenta arroparle sin éxito. Finalmente abandona todo empeño y le pasa una libreta y un bolígrafo que el niño empuña con ansiedad, preparándose para tomar notas.

-Vale. Si coges el tren que va al sur, en un momento determinado se parará en medio del recorrido, aparentemente en medio de la nada. Parecerá que se debe a que hay un semáforo o una avería, pero no es eso. Se trata de una parada que el tren efectúa una vez cada cierto tiempo. En cuanto alguien baje reiniciará su marcha, así que asegúrate de estar atento y ser tú el primero. Una vez en tierra, mira a derecha e izquierda; es para que no te tropieces con otro que lo haya hecho antes.

-Pero ¿no has dicho que el tren sólo deja bajar a uno? -Y ¿qué pasa si alguien se me adelanta?

-Ese tren sí.  -Mejor que no lo averigües

-Pero ¿y si no soy el primero?

-Tienes que ser el primero.

Zach decide no insistir. Cada vez que indaga más de la cuenta su padre le da largas, así que asiente y espera.

-Da unos pasos sin perder de vista el suelo. Ten en cuenta que te verás rodeado de un bosque muy denso y lleno de maravillas que observar. Aunque te sientas tentado a disfrutar del entorno, no debes hacer otra cosa que buscar tu camino.

-¿Cómo lo reconoceré?

-A eso voy. Sólo hay un camino, pero cambia de aspecto según la persona y está mezclado con otros que no son el tuyo, por eso debes poner atención.

-Pero ¿cómo lo reconoceré?

-No sé, a lo mejor es de tu color favorito o hay palabras escritas en el suelo.

-¿Cómo era el tuyo?

-El mío no tenía nada especial; de hecho, casi me pasó desapercibido porque estaba oculto bajo muchas hojas. Estaba a punto de abandonar, pero vino una brisa y lo descubrió.

-Entonces no sólo debo prestar atención al suelo.

-¿Cómo dices?

-Pues que tú mirabas al suelo y no veías nada. Si no hubiera venido el aire, te habrías ido. Debo estar atento a todo…-Zach revisa sus notas, ansioso-¿A todo?¡No podré!¡Se me escapará algo!

-Lo dudo.

-Bueno, espera que lo apunto.

-¿Para qué? No hace falta que te apuntes que no debes distraerte.

-¡Huy!¡Sí hace falta! Hace falta apuntarlo todo; mamá siempre te dice que, si te lo apuntaras todo, las cosas irían mucho mejor. Yo necesito que vayan genial, así que no me dejaré ni una coma.

Y es cierto. Los adultos tienen problemas de memoria. Zach, en cambio, recuerda casi todo excepto cuando fue un bebé. Según su madre es porque las madres se guardan ese trozo de memoria para ellas solas, algo de que es un derecho adquirido, signifique lo que signifique eso.

-Está bien, apunta. Una vez descubras tu camino ,síguelo. Depende de lo sea tu Oportunidad Perdida te encontrarás más o menos escollos en el camino. No decaigas, tú sigue adelante.

-¿Qué es un escollo?

-Un obstáculo.

-¿Como en las carreras?

-Sí, algo así…

-Entonces,¿ qué tipo de obstáculos me encontraré?

-No sé. ¿Qué tipo de oportunidad quieres recuperar?

-Una muy seria.

-Y ,¿no me la puedes contar?

-No. ¿Qué tipo de obstáculos?

-Eres muy joven para tener la necesidad de recuperar una Oportunidad Perdida.

-Tengo diez años.

-Y cientos de oportunidades que te esperan. Sea lo que sea lo que se te ha escapado, volverá a presentarse.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque las oportunidades van por edades. Por ejemplo: hasta los doce años se van repitiendo muchas veces al año. Son oportunidades juguetonas, les gusta hacerte creer que las vas a pillar y cuando casi las tocas, se esconden, pero no desaparecen.

-Me faltan dos años para los doce, papá. No es tanto.

–Ya, tienes razón, no ha sido un buen ejemplo-concede su padre mientras se sonroja e intenta despejarse restregándose los ojos-Debes entender una cosa: el bazar tiene sus reglas y esas reglas son más fáciles de entender cuando se es mayor.

-¿Con cuántos años?

-No sé, mayor.

-¿Como tú?

-Un poco menos. Hasta ese momento, uno toma nota de las que cree que se le han escapado, las apunta en una libreta y la guarda a la espera de que llegue su tren.

-Pero el tren no se plantará en medio del salón, papá.

-No creas que es imposible.

-¡Venga ya! ¡Me estás tomando el pelo! Tengo que encontrarla o jamás me lo perdonaré.

-Hablas como tu madre.

-Pues claro. Cuando mamá pierde algo siempre dice eso y creo que lo cumple.

-Pero, cariño, eso son expresiones de tu madre que tampoco te has de tomar al pie de la letra; no creerás que mamá no se perdona perder algunas cosillas…

-Pues no. No se lo perdona.

-Tienes razón, es una de las manías de tu madre.

-No me has dicho lo de los obstáculos. Da igual, ya lo averiguaré. Sigue. ¿Qué hay al final del camino?

-Cuando llegues a lo que parece un muro de hojas tan alto que no ves el final, no te preocupes, no es que no puedas pasar. Sólo tienes que meter el brazo y palpar en busca de una puerta. No puedes verla, pero sí tocarla. Ábrela y pasa al otro lado.

-…pero sí tocar. Abrirla. Vale. Sigue.

El pequeño siente que sus ojos pesan, pero se resiste a dejar de escribir. Su voluntad vence por el momento, aunque su padre no es ajeno a su cansancio; discretamente va arreglando el amasijo de sábanas de su cama.

-Te encontrarás dentro de un edificio. Ante ti verás un pasillo gigantesco, con estantes llenos de cajas que se elevan desde el suelo a ambos lados y de los que no se ve el final. Hay muy poca luz, cuesta ver pero debes seguir caminando. En el Bazar no se deben encender linternas, ni cerillas ni nada que tenga luz, es una de las normas.

-¿Por qué?

-Porque en esas estanterías hay oportunidades que no te pertenecen, nunca se presentaron ante ti así que no debes verlas ni tocarlas.

-Y si no debo verlas ni tocarlas ¿por qué están ahí?

-Porque esperan a sus dueños.

-Ya, si eso lo entiendo. Lo que no entiendo es porqué la puerta no se abre directamente donde está mi caja. Con lo largo que es el camino y lo difícil que me lo estás poniendo tú, ¡no veas!

-Cuando uno va al Bazar significa que el tiempo de lo fácil pasó. De todas formas, el camino es más largo cuanto más tiempo haga que perdiste tu oportunidad, lo que quiere decir que tu excursión será más bien corta.

-¡Papá!

-Perdona campeón, pero es la verdad. Ya te he dicho que eres muy joven y que los viajes al Bazar son más bien para quienes ,como yo, perdimos una oportunidad vital hace mucho…algo tan importante que habría hecho nuestra vida muy distinta y que necesitamos tanto, tanto, que la buscamos incansables. Sólo puedes ir al bazar una vez. Piénsatelo bien.

-Ya, ya me lo has dicho. Lo he pensado mucho. No me distraigas y dime, ¿qué pasa si miro en una estantería que no es la mía?

-Ya te lo he dicho: no debes.

-No; me has dicho que no debo hacerlo, no me has dicho qué pasa.

-Hay quien dice que sientes un dolor muy fuerte por todo el cuerpo, tan fuerte que cierras los ojos ; cuando los abres te encuentras de nuevo en el tren, pero nunca acaba de irse el dolor. Otros dicen que les han dicho que saben de alguien que fue al Bazar y nunca volvió. Suponen que se debe a que tocó o miró lo que no era suyo.

-¿Y tú qué crees?

-Yo creo que a quien coge lo que no es suyo no le puede pasar nada bueno. En mi caso ya sabes que no llegué a buscar mi caja. Aunque estaba desesperado por recuperar mi Oportunidad Perdida, me asustó cometer un error y decidí volver por donde había venido.

-¿No tuviste curiosidad?

-La desesperación es una venda poderosa, hijo. Incluso un ciego percibe más la realidad que un desesperado. Lo cierto es que ,aunque el miedo es el peor de los enemigos, a veces puede salvarte.

-¡Yo no tengo miedo!, pero si la oportunidad que quiero recuperar no es para mí, ¿puedo o no?

-Si formas parte de ella la puedes recuperar para esa persona. Si no, no.

Tras meditarlo brevemente, Zach duda, pero sigue escribiendo.

-Sigue con el edificio.

-Como te he dicho, casi no se ve nada, pero debes seguir caminando. Llegará un momento en que parecerá que alguien enciende una luz y la apaga rápidamente; a continuación, como si estuvieran haciendo una foto con flash, verás destellos. Esa será la señal de que tu oportunidad está almacenada cerca. Cuando llegues al estante en el que descansa tu oportunidad perdida, se iluminará.

-¿Cómo la reconoceré? Me refiero a si en la caja hay alguna señal, mi nombre o algo así.

-La caja que contiene tu oportunidad perdida se iluminará como una bombilla, te aseguro que eso es suficiente.

-Vale, a eso me refería. Sigue.

-Coges la caja y la abres.

-¿Y si está muy alta?¿Hay alguna escalera?

-Sí, es como las librerías antiguas.¿ Recuerdas aquella película en la que salía un tipo subido a una escalera que rodaba por la pared? Pues en el Bazar también hay una de esas en cada pasillo.

-Pero papá, antes me has dicho que no se veía el final de las estanterías. Así que el de la escalera tampoco. Si me pilla muy arriba y me da miedo subir,¿ qué hago?

-Entonces no podrás recuperarla- sentencia su padre con aparente indiferencia- ¡Ah!¡sí!¡Eso me recuerda otra cosa! Es posible que te encuentres con más personas.

-¡Jo, papá!¿Y ahora me lo dices? Entonces no hay problema, hombre. Pido ayuda y ya está.

-No hijo, no puedes.

-¡¿Por qué?!

-Las personas que puedes encontrarte son los Eternos Indecisos.

-¿Los qué?

-Eternos Indecisos. No hablan. Son personas que, por el motivo que sea, no se decidieron a abrir sus cajas del todo; o una vez ante la caja, no se atrevieron ni a tocar la tapa. Por lo que sé, están parados en los pasillos, algunos en lo alto de las escaleras, como congelados en el tiempo. Eso es porque una vez tienes tu caja ante ti, no puedes tardar mucho en abrirla y recuperar tu oportunidad. Si tardas demasiado, te paralizas, te quedas congelado en el tiempo.

Zach deja de escribir, pero no mira a su padre. Disimula su temor mordiendo su bolígrafo.

-El Bazar aun así ralentiza tu tiempo para que no te pase nada irreversible,-aclara Nathan, en un intento por calmarlo- pero lo hace por menos de un año. Si al pasar ese tiempo no has reaccionado, te conviertes en prisionero de tu indecisión.

-¿Y qué te ocurre entonces?

(continuará)

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